Factores geográficos y climáticos que afectan a la viticultura

2020-02-27T10:31:56+00:00 27 febrero, 2020|

¿Cómo es posible elaborar vinos frescos en Rueda, donde las temperaturas estivales superan los 40 grados? ¿Y en Alicante? ¿Por qué se forma el velo de flor en Jerez?

Las respuestas a muchas de estas preguntas están en los efectos climáticos y las características geomorfológicas de las regiones en las que se cultiva la vid.

Altitud

Los viticultores buscan cada vez más zonas a mayor altura para plantar su viñedo debido  a que la temperatura disminuye con la altitud. Esto es debido a que la temperatura del planeta está subiendo, por lo que es una manera de luchar contra el cambio climático y conseguir vinos más frescos y con menos alcohol. Por ejemplo, Finca Sandoval, en Cuenca, tiene sus viñas entre 700 y 1.000 metros de altitud. Lo mismo ocurre en Albacete, donde bodega Manuel Manzaneque (D.O. Finca Élez) tiene sus viñas a una altitud de 1.400 metros. De otra forma, sería muy complicado elaborar vinos equilibrados.

Se considera que un vino es equilibrado cuando sus parámetros analíticos y organolépticos lo son. Con el fin de explicarlo de una forma sencilla,  para conseguir ese equilibrio,  un vino debe tener una adecuada relación entre acidez y alcohol. En áreas muy cálidas con baja continentalidad – poca diferencia entre temperaturas diurnas y nocturnas – las bayas madurarán rápidamente, acumulando muchos azúcares y, por consiguiente, un mayor grado alcohólico. Este efecto también restará acidez al fruto, por lo que el vino será demasiado cálido y pesado.

Corrientes oceánicas

Las masas de agua transportan aire que calienta o enfría la superficie. Regiones muy cálidas en las que, a priori, sería complicado el cultivo de la vid, se benefician de los volúmenes de agua fresca que trasladan los océanos, y viceversa.  En España, las suaves temperaturas de las que disfrutamos en la Península se deben a un ramal de la corriente del Golfo, que ‘arrastra’ aguas cálidas hasta nuestras latitudes.

Mares y lagos

Las masas de agua tienen la capacidad de moderar la temperatura del viñedo circundante, lo que se denomina efecto ‘termorregulador’.  Esto es debido a que los mares o los grandes lagos se enfrían o calientan más despacio que la tierra. Por lo tanto, las áreas muy cálidas, como puede ser Alfaz del Pi (Alicante), donde se encuentra Bodegas Enrique Mendoza, se beneficiarán de este efecto y las uvas tendrán una maduración tranquila y homogénea.

Vientos

Los vientos de Poniente y de Levante, por ejemplo, son claves en la viticultura jerezana, como es el caso de Valdespino. El viento de Poniente es de influencia atlántica (oeste y suroeste), húmedo y fresco, y es muy beneficioso para enfriar los viñedos durante la época más seca.

Por su parte, el viento de Levante es de procedencia africana y se origina en el interior del continente. Es lo opuesto al viento de Poniente, muy seco y caluroso, abrasador, por lo que condiciona directamente la viticultura. Estos vientos, además, contribuyen al desarrollo del velo de flor en las botas de Jerez. Por ello, las bodegas son altas (se habla de “catedrales”) y disponen de ventanas estratégicamente ubicadas por donde circulan esos vientos.

Niebla, granizo y heladas

Son dos fenómenos atmosféricos que, de una manera u otra, afectan a gran parte de los viñedos de Grandes Pagos de España.

Las nieblas, por un lado, ayudan a enfriar la superficie de zonas muy cálidas, como la meseta central, donde se encuentran por ejemplo nuestras bodegas Numanthia, Abadía de Retuerta, Aalto, Alonso del Yerro, Belondrade, Mauro, San Román, pero también pueden tener un efecto adverso, si son persistentes, sobre todo durante las semanas previas a la vendimia. En este caso se crea la famosa botritis.

Las heladas y el pedrisco en la época de crecimiento suponen un gran trastorno, ya que pueden arruinar la cosecha. Algunas de las zonas donde más afectan son en las dos Castilla y León (Sei Solo, Alonso del Yerro, Fuentes del Silencio…) y en Castilla La-Mancha (Pago de Calzadilla, Dehesa del Carrizal, Marqués de Griñón, Vallegarcía). Hay algunas técnicas para mitigar el efecto adverso de las heladas -para el granizo es más complicado- como realizar un manejo de la vegetación de las cepas, calefacción o mediante corrientes forzadas de aire.