Crónica de la Vendimia 2019 en las Fincas de Grandes Pagos de España – Norte

2019-12-30T15:40:13+00:00 28 noviembre, 2019|

La tónica de baja pluviometría que se han experimentado en el sur de España y los bajos rendimientos durante la vendimia 2019, también se han producido en el medio norte. Después de conocer las previsiones de los socios de Grandes Pagos de España antes de la campaña, ahora nos cuentan cómo ha transcurrido ésta.

Aalto ha terminado la vendimia con rendimientos muy próximos a lo esperado. La lluvia caída en la Ribera del Duero vallisoletana a finales de agosto, así como las caídas a primeros de septiembre, favorecieron que la viña completase el ciclo y tener una uva de muy buena calidad.

En este momento, los vinos están muy equilibrados y desde la bodega indican que tendrán una muy buena evolución.

En Alonso del Yerro, reafirman que 2019 ha ofrecido rendimientos bajos debido a un año seco. La piel de las uvas aguantó perfectamente las lluvias caídas previas a la vendimia que, de hecho, fueron beneficiosas para evitar blocajes de maduración y aportar frescor a la uva.

Se vendimió más pronto de lo habitual con el fin de mantener el frescor de las uvas (quizás lo más destacable de la recolección); dando mostos limpios, aromáticos y equilibrados. El grado de alcohol es moderado y la acidez normal respecto a los estándares de la zona. Los vinos presentan mucho color y taninos suaves: con rendimientos bajos, un ciclo corto, pero sin golpe de calor en la maduración y equilibrios fantásticos, saldrán grandes vinos.

Desde Bodegas Mauro, en Tudela de Duero (Valladolid), y San Román, en Toro, también las cepas han dado rendimientos más reducidos que en la cosecha anterior, debido principalmente a la escasez de agua.  Tras un año excepcionalmente seco, las precipitaciones de finales de julio (con algún episodio aislado de granizo en Toro) y de los últimos días de agosto fueron oportunas para refrescar las plantas, que mostraban un aspecto extraordinario de frescura antes de empezar la vendimia.

Septiembre fue suave, con temperaturas diurnas máximas no excesivamente altas, lo que favoreció una maduración lenta, sin pérdida de acidez. Los racimos eran pequeños  y las bayas de poco peso, con muy alta proporción de pieles.

Las primeras impresiones señalan un año de concentración alta, buena madurez de tanino y acidez equilibrada. Una imponente frutosidad, tanino maduro y estructura para envejecer.

Abadía Retuerta ha recogido alrededor de un 25% menos de la media, pero era lo esperado pues, debido a la sequía, los racimos y la uva son más pequeños, aunque no ha sido tan grave como en otras zonas por su gestión en el viñedo.

Ya la brotación se desarrolló en una situación de déficit de agua en la capa freática, a lo que siguió el golpe de calor de junio y un verano que, aunque no muy caluroso, llegó sin una gota de agua.

La primera impresión de los vinos es que es un año de concentración y de grados alcohólicos altos; por lo que había que ser especialmente prudente con la sobre-extracción. La acidez, por otro lado, este año ha sido sorprendentemente más alta que en otras añadas calurosas.

Desde la bodega destacan que, en las 24 añadas que llevan elaborando, nunca han tenido una uva de tamaño tan pequeño; es lo que corresponde a una añada de sequía, pero este año los tamaños han sido récord.

Consideran que la calidad es muy buena, pero hay que ir con cuidado en la elaboración, ya que los vinos son “concentrados, aunque no hagas nada”. La madurez en algunos pagos es excelente y con un muy buen equilibrio de acidez. Una añada muy potente que puede compararse con 2011 o 2015.

Desde Belondrade, en La Seca (D.O. Rueda) explican que, como cabía esperar de una añada tan seca, los rendimientos obtenidos han sido especialmente bajos (4.400 kg/Ha), la falta de agua afectó notablemente al peso de las bayas. Los días previos a la vendimia continuaron con la escasez de agua característica del año. Hacia el final de la vendimia, numerosas tormentas rodearon sus fincas. Sin embargo, sólo llegaron a materializarse en La Seca en dos ocasiones y con una intensidad mucho menor que en pueblos vecinos, sin que estas afectaran ni a la sanidad ni al estado de madurez de la uva. En la actualidad muchas de las barricas se encuentran todavía en la fase final de fermentación, pero los vinos se caracterizan por una gran acidez y un equilibrio sorprendente.

En Fuentes del Silencio, León, los rendimientos objetivo una vez finalizada la vendimia, se mantienen más o menos estables en el tiempo, ya que el viñedo, al ser tan longevo, ha desarrollado un sistema radicular muy equilibrado y en profundidad. Esto permite a la planta amortiguar mucho mejor el estrés hídrico que se produce en añadas con escasez de precipitaciones, como así se ha caracterizado la presente campaña.

Este año la suerte los ha acompañado, ya que tomaron la decisión de adelantar la fecha de vendimia, para garantizar el frescor y la tipicidad de sus vinos, que temían perder en un año tan seco y cálido como éste.

Este adelanto, que fue de una semana aproximadamente con respecto a una añada normal, les permitió librar las abundantes lluvias que suelen entrar en el valle del Jamuz durante el puente del Pilar y poder vendimiar con un estado sanitario perfecto.

La percepción inicial de los mostos auguraba un gran frescor, con valores de 13.5% de alcohol probable, un hollejo suave y muy aromático. Las fermentaciones que tienen lugar en Fuentes del Silencio, al ser espontáneas, se desarrollan con una cinética más lenta que una siembra clásica con levadura comercial. No obstante, las temperaturas agradables permitieron que las distintas cepas de levaduras que colonizan el viñedo y bodega comenzaran a fermentar de una forma ágil y sin complicaciones.

Se auguraba una añada compleja, pero, al final, ha sido una sorpresa porque además del equilibrio conseguido, el hollejo ha madurado hasta alcanzar el óptimo deseado. Además, la fruta en el vino ha sido sorprendente y, precisamente, el haber acertado con la fecha de vendimia ha sido determinante para mantener las notas balsámicas y el frescor clásico de sus vinos, explican.

En Fillaboa, Pontevedra, la vendimia comenzó con buen tiempo y buenas expectativas. Desde los inicios se preveía que sería una cosecha más fresca y atlántica y con rendimientos inferiores a los años anteriores. En la mayoría de las parcelas se recogió menos uva excepto algunas parcelas concretas en las que la cosecha fue igual o superior a la del 2018.

En general en la DO Rías Baixas la cosecha del año 2019 ha supuesto un 30% menos de cantidad que la de 2018. En el caso de Fillaboa, fue porque durante la floración hubo algo de millerandage y cuajó menos en algunas fincas; pero la cantidad global está en los mismos números que 2017 y 2018.

En cuanto a la climatología, la primera quincena de septiembre fue más bien seca con lo que provocó algo de deshidratación en las uvas en los comienzos de vendimia, con lo que hubo un rendimiento uva mosto más bajo del 70%. A partir del 20 de septiembre comenzaron las lluvias, la uva se hidrató, se recuperó un poco de rendimiento y la acidez también disminuyó. Desde la bodega indican que las primeras impresiones sobre los mostos son muy positivas. Los vinos ya han terminado la fermentación alcohólica con un buen grado y con buena acidez y estructura. En general, es una añada más atlántica, con menos grado que la 2018, pero con buena concentración y estructura.

Esperan que los vinos de esta añada tengan una calidad parecida a la del 2017, intuyen una buena evolución y será una buena añada.

El equilibrio es uno de los adjetivos que pueden definir esta añada en Finca Valpiedra, Rioja. 2019 ha sido un año relativamente seco con un verano suave y sin excesivos extremos de calor y una maduración lenta, que harán de esta añada en Rioja una de las mejores del Siglo XXI.

Una cosecha más concentrada de lo normal y con un grado alcohólico al final de la vendimia también superior a lo normal.

En Cérvoles, Lleida, también han concluido la vendimia con rendimientos inferiores al año pasado y menos kilos de lo esperado.

La presente añada ha sido un año muy seco, afortunadamente 2018 acabó con muchas lluvias desde octubre hasta noviembre que dejó buena reserva hídrica para el 2019. A final de vendimia tuvieron un episodio de lluvias torrenciales por la zona pero, suerte, no hicieron mucho daño. Algunos caminos y algún margen destruido.

El calor de mayo y junio, con máximas de 43ºC, influyó negativamente en la floración y en el cuajado. Esto, combinado con la sequía, provocó una disminución de la producción. Sin embargo, septiembre y octubre fueron templados, perfecto para conseguir un final de maduración equilibrado y una sanidad excepcional.

Las fermentaciones han ido perfectas, vinos con grados alcohólicos altos y elevada concentración de color. Se esperan buenos vinos con buena estructura, con la potencia característica de la zona y mucha concentración.

En Mas Doix, Priorat, en general el rendimiento ha sido bastante cercano a lo esperado, siendo un año con algunas dificultades como la sequía y una ola de calor muy grave que afectó a las cariñenas de manera importante. Al igual que ha ocurrido en Cérvoles, la suerte que tuvieron en el Priorat es que venían de un año de bastante lluvioso que permitió a las cepas tener reservas para este año tan seco.

La impresión general es muy positiva, una vendimia de calidad muy alta, con mucha concentración, pocas pasas y sin problemas fúngicos en la viña. Como siempre en esta zona del Priorat, tienen una buena acidez y un buen equilibrio acidez/alcohol, concentraciones altas en la viña más vieja y, en general, muy buena calidad. La añada 2019 será probablemente una de las grandes añadas de Mas Doix, se perfila un año de muy buenas garnachas.

Además, la bodega está de aniversario, cumple 20 años y ha estrenado nuevas instalaciones, por lo que la satisfacción es doble.

Por último, en Astobiza, Álava, informan que el rendimiento ha sido un poco más bajo de lo habitual pero, al final, algo más de lo que se estimaba en envero.  Ha sido un año más seco de lo normal en la zona y se esperaba una disminución importante de la cosecha; pero, justo dos semanas antes de la vendimia, llovió un par de días y ayudó mucho a la maduración. Se produjo un aumento de tamaño y peso en las bayas.

Los vinos, con respecto a otros años, tienen algo más de grado pero la acidez se ha conservado parecida a otros años e incluso en alguna parcela algo superior. Por eso esperan Txakolís muy equilibrados y con una buena evolución.