La poda de invierno

2019-03-18T11:06:28+00:00 18 marzo, 2019|

Si bien es verdad que durante todo el año hay trabajo que hacer en el campo, en la época invernal hay que hacer uno de los más importantes y minuciosos: la poda de invierno.

La poda es la supresión parcial o total de ciertas partes leñosas de la vid  de la vid. La finalidad de este proceso es doble:

  • Limitar el crecimiento de la cepa para reducir el envejecimiento de la planta
  • Regularizar la producción y el vigor de cada una de las cepas, limitando el número de yemas.

La poda es un factor esencial para la correcta formación de la planta, así como elemento determinante para conseguir un rendimiento concreto y obtener uvas de calidad.

Existen diferentes tipos de poda, dependiendo en que momento del crecimiento de la cepa la realicemos:

Poda de formación: durante los tres primeros años de vida aproximadamente. Se va guiando a la planta para que vaya desarrollándose de la forma adecuada a lo que nosotros queremos. Al final del segundo año, el tronco suele estar formado.

Poda anual: es necesaria para aunar la vegetación y la fructificación. Es diferente en función del sistema de conducción que elijamos, de los que hablaremos más adelante. Es una forma de controlar el crecimiento y el rendimiento.

Poda de rejuvenecimiento: el debilitamiento de las cepas es inevitable. En cierta medida, podemos ponerle remedio, practicando un rebaje de los brazos viejos sobre brotes jóvenes que hayamos conservado.

En este post, vamos a hablar de la poda de invierno porque es aquella que tenemos que realizar cada año para el correcto desarrollo de la planta.

¿Cuándo realizarla?

El momento óptimo es empezar 2 o 3 semanas después de que se hayan caído las hojas y hasta que empiece el “desborre”. Es el momento de parada vegetativa de la vid, cuando la savia deja de circular por el interior de la planta.

Hemos de tener en consideración que no podemos podar cuando ha helado, ya que los sarmientos serán quebradizos, los cortes poco limpios y los tejidos que quedan expuestos son muy sensibles al frío.

Por estas razones, la poda no se realiza en el mismo momento del año en todas las zonas y puede variar de un ciclo a otro. Cada viticultor adaptará este momento a las circunstancias de su viñedo: suelo, clima y variedades que cultive. Y, por supuesto, al sistema de conducción que vayan a realizar.

Sistemas de conducción

Existen muchos sistemas de conducción dependiendo de las condiciones de cada zona.  En este caso, nos centramos en los más habituales en España.

Los sistemas de conducción se diferencian unos de otros por la disposición en el espacio del tronco, los brazos y las maderas de la cepa.

De esta manera, encontramos 2 diferencias principales:

  • Poda en vaso

Es la más tradicional. También es muy representativo en zonas vitícolas españolas como La Rioja o Toro.

La cepa está a ras de suelo, tiene un tronco muy corto y un número variable de brazos (entre 2 y 4) dispuesto de zona radial. No tiene soportes externos, lo que deja la planta libre y natural.

La poda de formación para este tipo de conducción es vital, ya que durante los primeros años debemos observar y corregir cómo se reparten los brazos, para conseguir una planta equilibrada y una masa foliar que permita la aireación de los racimos.

  • Poda en espaldera

Existen diferentes sistemas de conducción en espaldera, pero todos tienen en común que constan de una estructura de empalizamiento que conduce a la planta de forma vertical, consiguiendo una estructura lineal. La planta se encuentra, entonces, más alta que en el caso de la poda en vaso, a una distancia de entre 60 cm y 1 m del suelo.

La poda en espaldera no solo se emplea para poder llevar a cabo una vendimia mecanizada, sino que también es útil porque se consigue una maduración más homogénea de los racimos y buena aireación.

Dentro de este tipo de conducción podemos encontrar tres tipos:

  • Poda Guyot

En España es más conocido como sistema de “pulgar y vara”. Es muy habitual en regiones vitícolas francesas de Borgoña y Saint-Emilion.

Es una poda mixta sobre tronco corto. La cepa consta de un pulgar con dos yemas y una vara de longitud variable, que proviene de un pulgar del año anterior. Renovamos la vara del año anterior y formamos un nuevo pulgar.

Puede ser simple (una vara y un pulgar) o doble.

Mejora la productividad en aquellas viñas que producen pocos racimos o racimos de pequeño tamaño.

  • Poda Cordón Royat.

Es el sistema más utilizado en España, y comúnmente se denomina poda en cordón.

Es una poda corta sobre un esqueleto largo. Los elementos productivos y de renovación están en posiciones fijas a lo largo de un cordón permanente, sin variar año tras año. Cuenta con un brazo atado a un alambre horizontal de forma permanente y diferentes pulgares dispuestos a lo largo. Al igual que con el sistema Guyot, puede ser simple o doble.

La poda anual es sencilla y rápida, pero la de formación es larga y delicada. Se consigue una adecuada aireación y exposición solar de los racimos.

  • Poda en Parra

Es otro sistema bastante habitual en España.

La parra es el nombre que damos a la vid que dejamos crecer sobre un soporte vertical. Normalmente se utiliza un armazón para guiar a la planta.

El punto fundamental que debemos tener en cuenta en este sistema de conducción es conocer el nudo por el que crecerán los racimos, que será diferente en el caso de uvas tintas y uvas blancas.

La poda en parra es bastante sencilla de realizar.

 

¿Cuál es mejor?

No se puede decir que una sea mejor con respecto a la otra, ya que cada una tiene ventajas y también inconvenientes.  Tendremos que elegir cuáles son las ventajas que más nos interesan y cuáles los inconvenientes que podemos soportar en nuestro caso particular, en función de la variedad de uva, del clima, el tipo de vino que se quiere conseguir y las particularidades geográficas y de terreno de cada parcela o zona.

 

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