El pago, bajo sus diferentes nombres, ha sido desde la Antigüedad lo que ha definido la calidad del vino: pronto se observó que las uvas de ciertas parcelas daban un vino de más carácter y encanto que otras, y pronto se intuyó también que la orografía, la orientación, los suelos y los subsuelos eran la clave de esa distinción. Y así ganaron prestigio y cotización los que procedían de una finca determinada: lo que se conoce como `cru´ en Burdeos, `climat´ en Borgoña, `Gewächs´ en el Rin, `sorì´ en Piamonte…
Si el Pago Macharnudo es posiblemente el más antiguo de Europa, el más famoso y respetado del mundo es un `climat´ borgoñón, La Romanée-Conti, de apenas más de una hectárea de superficie, 50 veces más pequeño que el mayor de los `grands crus´ de Borgoña, el vecino Clos de Vougeot. Pero en otras zonas de Francia son famosos algunos pagos históricos, como el de Château Grillet en el Ródano o la Coulée de Serrant en el Loira. En Piamonte, tres viñitas de Angelo Gaja, el Sorì Tildin, el Sorì San Lorenzo y el Costa Russi, han elevado a las cumbres la fama de la uva nebbiolo. En Alemania, los más grandes viñedos históricos han sido recientemente definidos como `grosses Gewächs´, equivalente al `grand cru´ francés (`erstes Gewächs´ en la zona del Rheingau): pagos como el Brauneberg Juffer-Sonnenuhr de Fritz Haag o el Silberlack de Schloss Johannisberg.

Hasta en el Nuevo Mundo, donde algunos creen que el concepto de terruño está subdesarrollado, el siglo y medio de viticultura de calidad que ya han acumulado varios países ha permitido destacar ya numerosos pagos de calidad privilegiada, como el To-Kalon o el Bien Nacido en California.