El pasado jueves tuvo lugar la Asamblea General de nuestra asociación. Una jornada en la que se repasó el 2016 y se trataron las acciones para 2017.
Durante el almuerzo de los Asociados de Grandes Pagos de España que tuvo lugar en el Casino de Madrid, tuvimos tres momentos muy emotivos cuando rendimos homenaje a tres de nuestros cofundadores:

Homenaje póstumo a Manuel Manzaneque (Bodega Manuel Manzaneque) entregando un trofeo a su hija Sofía Manzaneque.
A Francisco Uribes (Pago Calzadilla) en su labor como secretario desde los orígenes de la asociación, quien formará parte del Comité de Honor.

Y en agradecimiento a su trayectoria en nuestra asociación entregamos un trofeo al que ha sido nuestro presidente Carlos Falcó (Marqués de Griñón Family Estates), y que a partir de ahora será Presidente de Honor.

La entrega de los trofeos tuvo lugar al comienzo de la comida siendo Toni Sarrión, nuestro nuevo presidente ejecutivo, el encargado de entregarlos.

Al término, Víctor de la Serna (Finca Sandoval) quiso dirigir unas palabras a quién ha presidido Grandes Pagos de España desde sus inicios. Fueron tan emotivas que hemos querido compartirlas con todos desde nuestro blog:

carlos falco premio honorifico

Carlos Falcó ha sido, en mi opinión, la persona más importante del vino español en los últimos 40 años porque con él enriquecimos nuestra cultura del vino y nuestra forma de hacerlo con los vinos de pago, es decir, de una sola viña o de una sola finca. Fue una cultura que existió en Jerez pero que desde principios del siglo XX se fue perdiendo a la vez que crecían las dimensiones de las bodegas, y que en la otra región pionera de España, Rioja, nunca existió desde la aparición hace siglo y medio, en el barrio de la estación de Haro, de las que se llamaron ‘bodegas industriales’, más cercanas del modelo de las ‘maisons’ de Champaña, que ensamblan uvas y vinos procedentes de múltiples lugares y múltiples proveedores para crear un estilo de la casa, que es el que los aficionados reconocerán y apreciarán.

El modelo riojano, luego seguido por otras regiones productoras españolas, nos ha dado y nos seguirá dando grandiosos vinos, como esos ‘gran reserva’ de las bodegas clásicas. Pero no hemos conocido los vinos cuyo carácter está indisolublemente unido a un terruño, a un trozo pequeño de suelo y de clima, como pueden ser en Francia un Romanée-Conti o en Italia un Sorì Tildin de Gaja. Carlos Falcó nos devolvió ese interés por el terruño con sus vinos del Dominio de Valdepusa, y más de uno de los que nos encontramos aquí nos convertimos en viticultores y bodegueros precisamente por ese ejemplo, por ese acicate que aportó su espíritu emprendedor, superando todos los obstáculos que la burocracia de entonces colocó en su camino.

Pero existe un segundo elemento que añadir al legado de Carlos: no sólo nos abrió el camino del vino de pago, sino que innovó al crear desde cero ese pago, ese terruño, que siempre reúne los factores naturales de suelo, clima y viña, y los que aporta la forma de trabajar del hombre. Su finca de Malpica era como del Nuevo Mundo: allí no había habido nunca, o al menos desde hace siglos, viñedos, y a su alrededor tampoco. Era una zona agrícola y forestal sin tradición vitícola, sin viñas ni castas de uva autóctonas que sirviesen de modelo para una nueva plantación, y Carlos volvió a innovar aportando las cepas que podían dar los mejores resultados en las condiciones naturales de la finca. No sólo creó un viñedo: creó su terruño.

Hoy son ya cientos los vinos de pago con verdadera personalidad en todos los rincones de España. Todos los nuevos bodegueros que miran a su suelo y su subsuelo, que intentan traducirlos en una botella, tienen, tenemos, una deuda de gratitud con el marqués de Griñón.